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El medicamento, una inversión en salud

Abril de 2026

Hay sectores que producen y hay sectores que transforman. La industria farmacéutica pertenece inequívocamente a la segunda categoría.




No solo porque desarrolla medicamentos que salvan vidas y mejoran la calidad de vida de millones de personas, sino porque donde está fuertemente implantada, transforma economías, eleva el capital humano, acelera la innovación y refuerza la autonomía estratégica de los países. Y España tiene hoy una oportunidad extraordinaria de consolidarse como uno de los grandes hubs mundiales de este sector. Aprovechar esta oportunidad no es solo una decisión industrial: es una decisión de país.

Los datos así nos lo demuestran. La industria farmacéutica genera en España un impacto económico total que supera los 27.200 millones de euros anuales, el equivalente al 1,9% de nuestro PIB. Cada euro de valor añadido generado en la industria farmacéutica propicia la generación de 1,5 euros adicionales por parte de otras empresas y, por otro lado, que cada euro adicional de inversión pública en medicamentos contribuye a la generación adicional de casi 4 euros (3,9) de valor añadido en la economía del país.

El sector sostiene más de 242.000 empleos entre directos, indirectos e inducidos, y lo hace con una calidad laboral que debería ser referencia para el conjunto de nuestra economía. La tasa de temporalidad en la industria farmacéutica es del 7,4%, frente al 15,9% de media española. La parcialidad no supera el 3,1%, cuando la media nacional ronda el 13,6%. Pero más allá de la estabilidad, hablamos de empleos de alta cualificación: el 58% de sus profesionales cuenta al menos con un título universitario, y el 30% posee un máster o doctorado. Son los perfiles que cualquier economía moderna desea retener, y la industria farmacéutica los atrae y los fideliza.

Desde el punto de vista exportador, los fármacos son ya el quinto producto más exportado de España, con más de 17.000 millones de euros anuales que representan en torno al 5% del total de nuestras exportaciones. El 80% de la producción nacional se vende en mercados exteriores. Esta apertura no es casual: es el resultado de décadas de inversión en calidad productiva, cumplimiento normativo y presencia en los mercados más exigentes del mundo. Además de tener una industria nacional muy potente en términos productivos, muchas multinacionales farmacéuticas han elegido España como plataforma de producción porque aquí encuentran talento e infraestructura.

Más allá de su impacto cuantitativo sobre el mantenimiento de miles de puestos trabajo y sobre la generación de miles de millones de euros de valor añadido, las compañías farmacéuticas que operan en España también contribuyen a incrementar el valor de toda la industria española. Actualmente, el sector farmacéutico es la segunda actividad más productiva de todo el sector manufacturero, solo por detrás de la industria petrolera. En concreto, cada trabajador industrial farmacéutico genera un valor añadido de 94 euros por hora trabajada (equivalente a 175.000 euros al año), más del doble que el trabajador industrial promedio.

Pero lo que convierte a este sector en verdaderamente transformador no es solo lo que produce hoy, sino lo que construye para mañana. La inversión en I+D de la industria farmacéutica española alcanzó en 2025 un nuevo máximo histórico de 1.775 millones de euros, lo que representa casi el 20% del total de la inversión industrial en investigación del país. España se ha convertido, además, en el líder europeo en autorización de ensayos clínicos, con 965 estudios aprobados en 2025, por delante de Alemania y Francia. Y coordina el 28% de todos los ensayos clínicos multinacionales autorizados en la Unión Europea. Estos no son indicadores menores: son el reflejo de un ecosistema científico maduro, que combina la excelencia de nuestro sistema sanitario con la capacidad inversora del sector privado.

Este ecosistema tiene además una ventaja competitiva que a menudo se subestima: el retorno social de la inversión en medicamentos. Cada euro invertido en medicamentos genera ahorros en pensiones, en bajas laborales y en gasto hospitalario. Se estima que la inversión en medicamentos genera ahorros en otras partidas presupuestarias por dos tercios de su importe. En un país que envejece, invertir en innovación biofarmacéutica es la apuesta más inteligente para la sostenibilidad fiscal a largo plazo.

Por todo esto, cada vez más expertos económicos coinciden en la consideración de los medicamentos no como una partida de gasto público, sino como una estrategia de inversión, que a corto plazo tiene como objetivo reforzar la salud de la población, pero que a medio y largo plazo contribuye al crecimiento económico del país y a la sostenibilidad del estado del bienestar.

España está en el momento adecuado para dar un salto cualitativo. Contamos con 181 plantas de producción de medicamentos y una red de más de 700 centros de I+D que nos abren la oportunidad de convertirnos en un verdadero hub mundial de producción e investigación de medicamentos. Lo que necesitamos ahora es un marco regulador moderno y eficaz y una voluntad política que esté a la altura de esta oportunidad. Si España acierta en ese diseño regulatorio, atraerá más inversión, más ensayos, más empleo de calidad y más exportaciones. Si lo desaprovecha, el capital farmacéutico buscará otros destinos.

Y este es precisamente el gran riesgo actual. Nos encontramos en un momento decisivo para el futuro del sector tanto en España como en Europa. En un escenario geopolítico especialmente convulso, Europa debe dar señales claras de que apuesta por la industria farmacéutica. Nuestro continente necesita recuperar su papel como motor de innovación biomédica, que ha ido perdiendo en los últimos años en favor de China y EEUU.

Aún no es tarde para reaccionar, pero no podemos perder más tiempo. Nos estamos jugando el futuro de un sector identificado como estratégico para la Unión Europea en el informe Draghi, pero es el momento de revisar las políticas regulatorias y de incentivos para conseguir atraer inversiones en I+D y en activos industriales y digitales. Otras regiones del mundo lo están haciendo y es necesario actuar. No podemos perder también este tren.

Como hemos visto, y próspera.


Juan Yermo, director general de Farmaindustria