Las empresas y la vida
Enero de 2026"No me voy porque quiera. Me voy porque no veo futuro". "En mi paÃs era psicóloga; aquà sirvo mesas en un bar". Frases que emergen en conversaciones con jóvenes y con personas inmigrantes bien formadas, con expectativas legÃtimas de desarrollo profesional. A simple vista reflexiones personales. En el fondo, un reflejo de los lÃmites de nuestra estructura empresarial.
Más allá de las grandes magnitudes, el impacto último de la economÃa se mide en decisiones como: quedarse o marcharse, crecer o estancarse, desarrollar carrera o aceptar lÃmites, emprender o no. La estructura empresarial condiciona esas decisiones. Por eso, el último estudio de la Fundación hace una radiografÃa de nuestro tejido empresarial, sus retos y oportunidades.
España es un paÃs con empresas que comparan razonablemente bien con Europa en rentabilidad, pero mantiene una brecha persistente de productividad. Esta combinación convive con salarios estructuralmente más bajos, lo que limita la capacidad de atraer y retener talento y acaba condicionando las trayectorias profesionales.
Las personas sobrecualificadas encuentran dificultades para integrarse en empleos acordes a su perfil. Integrar talento no es solo ofrecer trabajo; es ofrecer recorrido, reconocimiento y sentido. La sobrecualificación sostenida genera frustración, desapego y pérdida o infrautilización de capital humano, lo que termina lastrando la productividad, aunque haya crecimiento económico.
Ante este diagnóstico, no faltará quien señale a la inteligencia artificial como antÃdoto para la baja productividad. Pero la inteligencia artificial generará retos adicionales entre personas cualificadas: reordenación de tareas, redefinición de competencias, potencial generación de más frustración y de nuevas vulnerabilidades. Reinventarse requiere de tiempo y apoyo.
Parte del desafÃo pasa por alinear mejor formación, mercado laboral e inmigración. No desde itinerarios rÃgidos o decisiones irreversibles a edades tempranas, sino desde sistemas capaces de anticipar necesidades, reconocer competencias y ofrecer segundas oportunidades. Aunque no sea sencillo, reducir estos desajustes es posible cuando empresas, el sistema educativo y las polÃticas públicas actúan coordinadamente.
Hablar de demografÃa empresarial es hablar de personas. De cómo se distribuyen las oportunidades. De qué tipo de empleo se crea y dónde. De si una economÃa es capaz de alinear la oferta y la demanda, y de dar segundas oportunidades.
Nuestro estudio no pretende ofrecer soluciones simples ni recetas inmediatas. Aspira a crear conciencia informada. No desde el alarmismo, sino desde los datos y la convicción de que un modelo económico más inclusivo, dinámico y humano es posible.
España dispone de una base valiosa para construir y tenemos la oportunidad de seguir avanzando. De empresas que crecen, de territorios con potencial, de personas con talento y ganas de aportar. Pero para construir un futuro mejor no basta con confiar. Hace falta entender qué funciona, qué no y por qué. Hace falta asumir que la productividad no es un concepto técnico, sino una condición para salarios dignos, trayectorias vitales estables y cohesión social.
Hacerlo está en nuestras manos.