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Envejecimiento saludable y activo

Abril de 2021 Creo que idealmente deberíamos transitar hacia un sistema en el que, a partir de una determinada edad, los 65 años, por ejemplo, el imperativo de la jubilación dejara paso al ejercicio de un derecho.

Concluí el mes pasado la serie «Tendencias» con la entrega sobre evolución demográfica. Traté de reflejar el carácter esencial que la población, su evolución en las diversas economías, tiene en la determinación del crecimiento económico y, en última instancia, del bienestar. Ahora vuelvo a la carga. Ha sido la lectura del libro de Pascal Bruckner y una llamada del diario digital 65ymas.com preguntándome sobre la conveniencia de ampliar la edad de jubilación las que me han hecho volver al libro verde sobre envejecimiento que publicó la Comisión Europea al final del pasado enero.

Del primero no es difícil deducir la reivindicación de los mayores. El informe de la Comisión Europea, por su parte, defiende de forma inequívoca la ampliación de la edad de jubilación. El punto de partida es también el del ensayista francés: «la vida ha dejado de ser breve», especialmente para los nacidos después del final de la Segunda Guerra Mundial. Se ha retrasado el momento de entrada en la vejez. Nunca tantos europeos habían disfrutado de una vida tan larga. Y, cabe añadir, con tantos deseos de seguir viviendo, de mantener una cierta continuidad en su actividad, también laboral y profesional. Es verdad que en no pocas ocasiones el retiro forzado, no hace sino acelerar el envejecimiento, hacerlo incluso menos tolerable. La pretensión por prolongar la actividad, el envejecimiento realmente activo, no es un ejercicio de voluntarismo, sino que encuentra apoyo en la verificación cada día más contundente de que las capacidades de las personas no se erosionan proporcionalmente con la edad, sino mucho más lentamente, como ilustra el libro de Andrew Steele. Incluso pudiendo acercarse a esa «ausencia de edad» que revelan las tortugas gigantes de las islas Galápagos, en las que diferencias de más de cien años en edad no se manifiestan precisamente en diferentes capacidades. Sin necesidad de alimentar las esperanzas que estimula Steele, sobre «la curación de la vejez», lo que es un hecho es que, junto a la voluntad de los interesados, la verificación de la existencia de valiosas capacidades incorpora elementos de juicio importantes que ayudan a reconsiderar el propio concepto de jubilación.

La barrera de los 100 años será superada claramente por los europeos que nazcan ahora, que dicho sea de paso, no serán demasiados si la tasa de fertilidad no aumenta de forma significativa. La cercanía a la muerte ya no es hoy la que era apenas hace unos años. Si la esperanza de vida se prolonga y también lo hace la proporción de personas mayores, la organización social deberá adaptarse. La cotidianeidad, la vida familiar, algunas costumbres, los sistemas educativos, la oferta de ocio, entre otras muchas cosas, tendrán que sintonizar con esa coexistencia de franjas generacionales más amplias, que ofrecerán preferencias probablemente más contrastadas que ahora. Las consecuencias económicas de todo ello tampoco son menores.

Esa prolongación de la vida y la reducida fertilidad de las mujeres europeas son las que suscitan la necesidad de cuestionar algunas de las premisas con las que contábamos en la organización y regulación de nuestras economías. Una de las primeras es la edad de jubilación. La acotación de la vejez ha cambiado, nos recuerda permanentemente Bruckner. Superar los 65 años no significa precisamente entrar en rendimientos decrecientes en diversos ámbitos de la vida. Si vivimos más, si trabajamos en condiciones cada día mejores, si nuestras economías están cada día más «terciarizadas», menos dominadas por la industria y el sector primario tradicionales, es razonable que se revise ese término de la vida útil convencional que es la edad de jubilación. Pero no solo porque lo aconseje la necesaria sostenibilidad de los sistemas públicos de pensiones, sino porque lo demanden los propios interesados o las instituciones pendientes de velar por el aprovechamiento del capital humano. No deja de ser un derroche difícil de entender esas retiradas forzadas de empleados en distintos sectores, incluso apenas superados los 50 años.

Edad media de la población mundial por continente, 1960-2070
Fuentes: Naciones Unidas, Departamento de Asuntos Económicos y Sociales, Population Division (2019)

Y si las personas quisieran y pudieran seguir trabajando, que lo hicieran con la suficiente flexibilidad como para aprovechar este capital humano todavía útil y, de paso, favorecer su satisfacción y bienestar. Algunas organizaciones, también sociedades mercantiles convencionales, ya están dando muestras de flexibilidad para encajar esas capacidades y experiencias.

Con independencia de esa flexibilidad para abordar la extensión de la edad de jubilación, deberíamos empezar a mentalizarnos en algunas de las adaptaciones que sugiere el informe verde, y en algunas otras. Las revisiones se han de extender a los sistemas educativos, dotándolos de una orientación cada día más permanente, menos episódica, como son los actuales sistemas universitarios. El fortalecimiento de los sistemas sanitarios forma parte también de esas nuevas prioridades.

Las otras actitudes que deberíamos ir adaptando también las comentaba en el anterior artículo de Empresa Global: la permeabilidad hacia la entrada de emigrantes. Como nos recuerda el libro verde, en Europa la edad media de la población es de 42,5 años, más del doble que la de África. Esta brecha seguirá siendo amplia en las próximas décadas. Si queremos disponer del bienestar actual o mejorarlo, será necesario aumentar esa proporción entre trabajadores activos y aquellos que seguirán vivos, pero jubilados y pensionistas a partir de los 65 años según la regulación actual.

La pertinencia del libro verde y del ensayo de Pascal Bruckner es evidente. Que los lectores que les echen un vistazo sean conscientes, en todo caso, que no será la última vez que volvamos sobre ello. El debate está abierto y, ciertamente, lleno de sugerencias y cuestionamientos a la tradición biempensante.

Lecturas recomendadas

  1. Bruckner, Pascal (2021) «Un instante eterno. Filosofía de la longevidad», Siruela.
  2. Libro Verde Sobre el Envejecimiento Bruselas, 27.1.2021 COM (2021) 50
  3. Steele, Andrew (2020), «Ageless: The New Science of Getting Older Without Getting Old» Bloomsbyry Publishing

Emilio Ontiveros es presidente de Afi y catedrático emérito de la UAM