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Paseo global

El día después: la deriva demográfica

La preocupación ya no es aquella intimidatoria explosión demográfica, sino la ralentización del crecimiento de la población.

Emilio Ontiveros
Marzo de 2021

Avanzamos con una entrega más de la serie sobre tendencias: aquellas que disponen de la personalidad y pujanza suficiente como para condicionar la actividad económica global en los próximos años. Ahora vamos a revisar algunos datos sobre la evolución demográfica, una de las que de forma más evidente puede tener un mayor impacto en el crecimiento potencial de las economías. Especialmente las avanzadas, pero no solo.

Las tendencias de las últimas décadas contrastan con lo asimilado tradicionalmente. La expansión de la población mundial ha sido una constante desde los años cincuenta del siglo pasado. Entonces éramos 2.500 millones de personas, frente a los 7.700 millones actuales. Pero en 2050, según las previsiones de Naciones Unidas, el planeta estará poblado por 9.700 millones de personas. Detrás de esas cifras no puede pasarse por alto el descenso de la tasa de variación, desde ritmos algo superiores al 2% anual hasta el 0,5%. La razón más importante, aunque no la única, es el descenso de la tasa de natalidad y la prolongación de la longevidad.

Población mundial en miles de millones de personas, 1950, 2020 y 2100
Fuentes: Naciones Unidas, «World Population prospects 2019» y PEW Research Center

Esas dos tendencias son más acusadas en el conjunto de las economías avanzadas y en China. Las economías consideradas menos desarrolladas, que a principios de los cincuenta del siglo pasado representaban el 68% de la población mundial, hoy acogen al 84%. Entre las economías emergentes, la segunda más importante, India con 1.380 millones de habitantes actualmente, no ofrece una preocupación especial: con 1.500 millones superará los 1.460 que tendrá China al final de esta década. En India, la población considerada joven (entre 15 y 29 años) supera hoy los 360 millones de personas, más que toda la población de EEUU. En otras economías emergentes la inquietud es también menor, al observar que la población joven sigue en ascenso. El continente africano es el único que no genera preocupación al respecto, ya que seguirá manteniendo un crecimiento relativamente intenso en lo que queda de siglo. Menor será el de América Latina.

La evolución más inquietante será la de la población europea. En 2021 alcanzaremos el máximo de 748 millones de personas, y en 2037 América Latina ya tendrá más población. La práctica totalidad de las adiciones netas a la población mundial en los próximos treinta años provendrán de países menos avanzados. Es una primera constatación que invita a considerar los flujos migratorios con menor aversión, con una dimensión podríamos decir que estratégica para la propia prosperidad de los europeos. En 2050 los europeos tendremos la ratio de dependencia -el número de personas en edad de trabajar, por debajo de 65 años, sobre la de aquellos en edad de trabajar- más elevada del mundo, del 75%.

Con datos de Naciones Unidas, Cillufo y Ruiz (2019) destacan que la tasa de fertilidad global en 2050 será de 2,2 nacimientos por mujer, frente a los 2,5 de hoy, una ratio demasiado cercana a la tasa de reposición, del 2,1. Esa relación expresa el número de nacimientos por mujer necesarios para mantener el tamaño de la población. En 2100 será de 1,9. En ese año la edad media de la población será de 42 años frente a los actuales 31 y los 24 años en 1950. Como se aprecia en uno de los gráficos, en Europa superaremos mucho antes esa edad media: en 2050 será de 47 años, la más avanzada. La esperanza de vida no deja de crecer, superando los 80 años en al menos 91 países en 2050. Son cifras que intimidan.

Tasas de fertilidad, número de nacimientos vivos por mujer

Para tratar de anticipar las consecuencias económicas de un cuadro tal, la primera consideración que surge, desde luego la que hacemos los de edad más avanzada, es la relativa a la proporción de jóvenes activos laboralmente sobre los jubilados y la población infantil. Es lo que se conoce como el dividendo demográfico, que será tanto más importante cuanto más capacitados estén y mejor se empleen los más jóvenes. Por sí sola, esa proporción puede alterar los ritmos de crecimiento económico, pero también hacerlo a través de una mayor presión sobre los mercados financieros, sobre la propensión a liquidar inversiones acumuladas o definir una mayor aversión al riesgo en la selección de las mismas por parte de los ahorradores. También emergen inquietudes sobre el gasto sanitario y sobre la sostenibilidad de los sistemas públicos de pensiones. Pero hace bien en subrayar David Bloom la posible contribución de los mayores a la creación de valor mediante actividades sin un valor de mercado como el voluntariado o el cuidado a los demás.

A la vista de ese panorama es evidente que serán necesarias decisiones adaptativas. Por ejemplo, las tendentes a garantizar los sistemas públicos de pensiones, como puede ser la ampliación de la edad de jubilación, la generación de mayores incentivos a la natalidad y, desde luego, la mejora de los sistemas de salud y adaptaciones urbanas, entre otras. Pero no menos importante, hará falta cambiar las actitudes hacia las migraciones, definir una mayor capacidad de absorción de ciudadanos de otros países.

Lecturas recomendadas

  1. Bloom, David E. (2020), «Population 2020», Finace& Development, Fondo Monetario Internacional, marzo.
  2. Cilluffo, Anthony y Neil G. Ruiz (2019) «World´s population is projected to nearly stop growing by the end of the century», Pew Research Center.
  3. Ruiz, Neil , Luis Noe-Bustamante y Nadya Saber (2020), «Coming of Age», Finance & Development, Fondo Monetario Internacional, marzo.

Emilio Ontiveros es presidente de Afi y catedrático emérito de la UAM