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Homo oeconomicus

Laponia XIII: canciones para «El Gran Retorno»

El deseo profundo que nos anima a volver nuestra mirada a lo rural se está materializando ante nuestros ojos y es ahora cuando tenemos que actuar. «It´s blowin´ in the wind» y, además, «It´s now or never».

José Antonio Herce San Miguel
Mayo de 2020

Hay dos canciones que siempre me han gustado mucho, de géneros bien distantes entre sí. Primero (según aprendí a amarlas), «Blowin´ In The Wind» (Bob Dylan, 1963) y después «It´s Now Or Never» (Elvis Presley, 1960). Cada una tiene 4,6 millardos (miles de millones) de «resultados» cuando las buscas en Google, casi nada.

Pues sus títulos me vienen muy bien para ilustrar algo que veo ya flotando en el aire y sobre lo que también pienso que o sucede ahora (no hoy, ni mañana, obviamente) o no sucederá. Y, como tantas otras cosas estos días, nos viene de la mano de esta terrible pandemia, que también trae consigo cosas positivas. En este caso, lo que denominaré «el Gran Retorno».

La «vuelta al campo», como decíamos y pensábamos los ávidos lectores de Ajoblanco (revista contracultural aparecida en 1974) a mediados de los años setenta del siglo pasado (así es, amigos, los setenta...), es un desiderátum individual y social que reflota una y otra vez en el imaginario colectivo de todas las culturas y sociedades. Es un universal. También en nuestra sociedad española.

Si no fuera por la contundente evidencia de que cada vez hay más pueblos de menos de 100 habitantes (1.400 en el último padrón). Tendencia que no se debe al éxito de este modelo de poblamiento diminuto, precisamente. Que, en realidad, es un gran fracaso porque el aumento de esta categoría de escala municipal se produce porque las escalas mayores se van vaciando. Prueba palpable de que los «imaginarios», especialmente los colectivos, son imaginarios.

Pues bien, cada vez más gente opina, desde todos los ámbitos sociales, institucionales, profesionales e, incluso, ideológicos, que una de las dos grades enseñanzas de esta espantosa epidemia es la superior valoración que está cobrando la vida en la naturaleza, dentro de un confinamiento orgánico, casi. La otra gran enseñanza es que la banda ancha, como personalmente vengo diciendo desde hace mucho tiempo en mis redes sociales, le gana al AVE, no solo en velocidad, que faltaría más, sino en funcionalidad, eficiencia y eficacia.

Bueno, pues ya lo tienen. Junten el teletrabajo, que está aquí para quedarse a pesar de muchos empleadores que seguirán sin verlo cuando esto pase, con las ganas de reencontrar la naturaleza y lo rural (que son dos cosas distintas, no obstante) y ya está. Verde y con asas.

¿Ya está? Bueno casi. Porque además hay que crear redes de movilidad (colaborativa a ser posible) y, de nuevo, silba la banda ancha por ahí. O adaptar el ingente pero maltrecho patrimonio inmobiliario rural para recibir a los nuevos pobladores (hay tiempo, tranquilos). O mejorar justamente las infraestructuras digitales y, especialmente, inteligentes. Porque la tecnología, las aplicaciones y los dispositivos matan la distancia y la escala. Sí, lo siento por Marshall y, especialmente (casi me dan ganas de decir «espacialmente») sus discípulos actuales, la distancia y la escala.

Si después de la Covid-19 no tenemos claro que muchas más factorías y gestorías (y todo lo que está entre estos dos extremos de la estructura productiva) va a ser robotizado, no merecemos vivir en este siglo.

Amigos, esto va a cambiar porque ya está cambiando y porque hay verdaderos deseos de cambio que las terribles (¿y benditas?) condiciones actuales están haciendo aflorar. Porque Dejándonos, eso sí desnudos frente al espejo de nuestra soberbia y egoísmo, de nuestro maltrato al ajeno y propio.

El deseo profundo que nos anima a volver nuestra mirada a lo rural se está materializando ante nuestros ojos y es ahora cuando tenemos que actuar. It´s blowin´ in the wind y, además, It´s now or never. Recordad: How many roads must a man walk down | before you call him a man? | How many seas must a white dove sail | before she sleeps in the sand? Recordadlo, no lo olvidéis.

José Antonio Herce es Director asociado de Afi