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Homo oeconomicus

Laponia X: la presura

El esfuerzo de base, colaborativo, formal e informal, de cientos de minúsculos colectivos, miles de agentes individuales de cambio, permea buena parte del desgraciado territorio despoblado

José Antonio Herce San Miguel
Febrero de 2020

La «presura» (la aprisio del derecho romano) era un figura romana y medieval que daba la posesión de la tierra yerma o conquistada a quien la labrase. El proceso de toma de posesión podía ser espontáneo (o informal) y formal. En el primer caso, sin que mediara un mandato o autorización de una autoridad, pero bajo ciertos requisitos, los particulares o las comunidades religiosas podían hacerse con lotes de tierra. En el segundo, una autoridad mandataba a estos mismos particulares o comunidades a que se estableciesen en un territorio y lo explotasen productivamente haciéndoles, además, concesiones fiscales y de libertades o acompañando la concesión de la tierra de otros requisitos (derechos y obligaciones) jurídicamente documentados que muy a menudo acabaron constituyendo la fuente de los fueros municipales medievales.

Se conocen bien estas «Cartas Pueblas» en los reinos y señoríos cristianos de la península ibérica cuya antigüedad documentada se remonta a principios del S. IX. Fueron especialmente utilizados en el norte y centro de la península a medida que se producía la expansión de los reinos cristianos a costa del repliegue de Al Ándalus. En la historiografía reciente (finales del S. XX), la interpretación de esta figura es más económica y social que jurídica, decantándose aquella por su uso como mecanismo incentivador de la repoblación de los territorios conquistados y su valorización.

PRESURA (escrito con mayúsculas) es «la» Feria de la Repoblación, de felicísimo y evocador nombre basado en la figura anteriormente comentada, que se celebra en Soria desde hace tres años. Este evento está promovido por «El Hueco», una iniciativa de co-working y creación de start-ups centrada en la repoblación de los territorios despoblados. Y Soria, a fe que lo es.

Si me había propuesto dedicar la serie «Laponia» de 2020 a escribir sobre buenas prácticas y referentes en el mundo de la repoblación, no puedo empezar sin referirme a estos iconos de la repoblación. Por su tono constructivo, su ubicación «at the bottom» de la cadena causativa del cambio, el pragmatismo que destila su ambición, el incesante esfuerzo de sus promotores y la oleada de participación que suscita la actividad de El Hueco y cada convocatoria de PRESURA no podría haber elegido ningún otro caso que este. Solo este.

PRESURA 2019, celebrada a principios de noviembre pasado, fue un exitazo de participación. Todos los sectores implicados en la repoblación desfilaron por sus pasarelas. Las start-ups más incipientes y las veteranas, «viejas» conocidas ya de la afición a la que entusiastamente pertenezco. Los sueños más irrealizables y los despistes más monumentales. Las promesas de ediciones anteriores, hechas realidad. Los fracasos discretos y los sonados. Todos estaban allí. Con humor, desenfado, irritación, ansiedad, tiempo para un café, corriendo para cerrar agendas y reuniones en las esquinas, salas y pasillos de las naves de El Hueco. Cruce de tarjetas, sí cruce de tarjetas. Muchas tarjetas. Personas a las que nunca imaginarías ver en una «reunión de negocios». Gurús, gentes del IBEX, sí del IBEX, leéis bien, no es una errata. Venidos de toda España, de Portugal y de otros países europeos. Soria a tope, de gente, de ideas, de proyectos. Gente dispuesta, después de años de esfuerzo, intentos, caídas y recaídas. ¿Quién dijo despoblación?

Leed, por favor, entre la niebla que emite el recuerdo entusiasmado de lo que viví en Soria hace casi tres meses. Os aseguro que si hubieseis estado allí y vivido aquello vuestra evocación sería igualmente vibrante. Puedo equivocarme. Pero PRESURA 19, mucho más que las anteriores, me lleva a pensar que el esfuerzo de base, colaborativo, formal e informal, de cientos de minúsculos colectivos, miles de agentes individuales de cambio, permea buena parte del desgraciado territorio despoblado. No en toda su extensión sino formando los nodos, los lazos y los retazos que lo acabarán revitalizando.

¿Cómo? Con propuestas y realizaciones arraigadas y creadoras de raíces, con tecnología, con modelos experimentales de gestión, de servicio, claro que de revitalización de actividades tradicionales o autóctonas. Con ofertas de ocio diferente, de movilidad colaborativa, de servicios de bienestar que las ciudades apenas empiezan a producir para sus estresados habitantes. Con soluciones residenciales autosuficientes (amigos de Vellosillo...), con soluciones terapéuticas comunitarias, con restauración avanzada, participativa y utilitaria de monumentos entrañables olvidados. En la Rioja, Andalucía, la Castilla y León y la Castilla-La Mancha, Navarra, Galicia, Euskadi, Aragón, Cataluña. En todas las comunidades autónomas.

PRESURA es el rompeolas de la despoblación. Contra sus afiladas aristas y vértices se estrellan y se deshacen el desánimo del fracaso, la desolación de los paisajes vacíos. Las no respuestas al silencioso clamor de la naturaleza que quiere que la cubran las especies laboriosas y productivas. Diréis que soy un cursi. Sea, lo soy. Porque vivo ahora, según escribo esto, lo que la inmediatez de la feria, su ajetreo, la prisa por amarrar contactos de gente que acabas de ver en la tribuna y de la que por nada del mundo quieres dejar de estrechar su mano y, si se deja, darle un abrazo.

Si pudiera, pediría ahora mismo a los organizadores que recreasen virtualmente PRESURA 19 para sumergirme este fin de semana, de nuevo, en ella (Joaquín ¿se puede?). Será difícil superar PRESURA 2019. Pero si, en vez de perder el tiempo leyendo hasta aquí, habéis ya pinchado en los enlaces de arriba, habréis podido ver el poster de PRESURA 20. Ahora ya sabéis que va a ser posible. Vale, no sé qué más decir.

José Antonio Herce es Director asociado de Afi