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Soluciones digitales para el sector financiero

Diciembre de 2019
El año 2019 ha sido apasionante en lo que a las innovaciones tecnológicas y su aplicación en el ámbito de los servicios financieros se refiere. Haciendo un repaso general de los últimos desarrollos en este campo, en el plano de lo que vendrá a revolucionar el uso de la tecnología desde sus cimientos, es necesario hacer una referencia a la computación cuántica.

Este año que cerramos ha sido, desde el punto de vista del uso de la tecnología en los servicios financieros, otro año apasionante. La aceleración digital, la intensa competencia y la aparición de nuevas técnicas y soluciones han ayudado en gran medida a que el impulso que estamos experimentando estos últimos años no cese.

Comienzo el balance del año con una crítica. La esperada llegada de soluciones robustas basadas en cadenas de bloques (blockchain) continúa pendiente de materializarse. Durante el año hemos asistido a la ejecución de proyectos piloto que han demostrado que muchos casos pueden resolverse mediante el uso de cadena de bloques, pero en su mayor parte no se ha constatado una mejora de eficiencia o reducción de costes. A menudo estamos viendo que la promesa de contar con un sistema de registro seguro, trazable y descentralizado puede resolverse de forma más eficiente mediante el uso de tecnologías diferentes de blockchain. Sin embargo, hay que reconocer que la discusión en torno a blockchain ha conseguido alinear esfuerzos en ámbitos hasta ahora dominados por grandes jugadores o aletargados por la inacción de posibles actores, como es el caso de los medios de pago o la identidad digital, por poner dos ejemplos.

Tampoco ha comenzado con el empuje esperado la implementación de la normativa PSD2, en lo que respecta a las figuras de agregación (AISP) e iniciación (PISP) de pagos. La expectativa de contar con un detalle completo de la operativa y situación financiera del consumidor ha quedado incumplida, hasta el punto de que las API finalmente implementadas aportan menos información que los agregadores clásicos mediante técnicas de web scrapping. La coincidencia en el tiempo de la autenticación reforzada con la aparición de los primeros agregadores «renovados» ha generado, además, una serie de problemas técnicos sustanciados, principalmente, en la imposibilidad de acceder a la información de posiciones del cliente en terceras entidades. Seguro que estos problemas se solucionarán en los próximos meses, pero este accidentado inicio recuerda mucho a los problemas de los primeros agregadores que, hace ya casi 20 años, no consiguieron despegar. Por otra parte, la promesa de que la figura del iniciador de pagos estimularía la innovación en los medios de pago, tampoco se ha cumplido por el momento; poder iniciar un pago de un banco desde la app de otro diferente no parece que vaya a aportar un movimiento disruptivo en la industria.

En el plano de lo que vendrá a revolucionar el uso de la tecnología desde sus cimientos, es necesario hacer una referencia a la computación cuántica. La publicación del artículo «Quantum supremacy using a programmable superconducting processor» en Nature, por parte del equipo de Google AI Quantum, ha marcado un hito controvertido a la luz de la reacción de parte de la comunidad científica involucrada en el desarrollo de la computación cuántica (especialmente IBM, su principal competidor). Al margen de la discusión sobre si hemos llegado o no a la supremacía cuántica, bien es cierto que el experimento de Google es un paso más en la transición de la computación cuántica desde el plano experimental hasta su futura (a largo plazo) implementación comercial. Estamos a muchos años, probablemente décadas, de contar con dicha implementación comercial, pero la expectativa de disrupción asociada a esta tecnología ya está ayudando a catalizar iniciativas en diversos ámbitos, como el de la criptografía y la simulación. No obstante, al igual que ha sucedido con otras tecnologías novedosas, vemos cómo el término se pervierte y algunos jugadores empiezan a vender sistemas de simulación clásica más o menos optimizados como «computación cuántica»; nada más lejos de la realidad.

Donde sí hemos apreciado un fuerte impulso es en la transición desde el uso de técnicas de machine learning «clásicas» hacia el uso de la re denominada Inteligencia Artificial, entendiendo esta como el conjunto de técnicas alrededor del uso de redes neuronales profundas. La información disponible del cliente es cada vez más abundante, detallada y depurada, y cada vez es más amplia la variedad de entidades y usos de este tipo de técnicas, tanto en el ámbito comercial como de riesgos. La conjunción de capacidades asociadas a la Inteligencia Artificial debería acercarnos cada vez más rápidamente hacia una nueva generación de servicios de asistencia automatizada en que el cliente, además de poder comunicarse de forma más humana con la tecnología, pueda percibir a la entidad como su socio a la hora de realizar una mejor gestión de su economía familiar.

El reverso de esta evolución tecnológica es su uso en actividades delictivas. Los criminales, que también tienen su cuenta de resultados, disponen en este momento de excelentes herramientas para maximizar sus ingresos y reducir sus costes. Además de la creación de heurísticas de ataque más sofisticadas, la utilización de técnicas de deepfake abre una vía excelente para la suplantación de identidad. No hay duda de que el negocio (y los riesgos) asociado a la ciberseguridad se encuentra en un momento álgido, que con toda seguridad va a seguir aumentando en importancia en los años que vienen.

Por último, este año hemos hablado mucho de arbitraje regulatorio en distintas jurisdicciones europeas, pero este es anecdótico con respecto al que vivimos entre los ejes americano, europeo y asiático, donde el enfoque de base, tanto legal como ético, es tan diferente. La dicotomía entre bien común e individual, la regulación sobre propiedad del dato, y la muy distinta protección de privacidad e información personal van a hacer cada vez más complicada la convivencia entre jugadores y geografías globales. El procesamiento masivo y cada vez más preciso de nuestros datos va a acelerar más aún, si cabe, la concentración de mercado en aquellos jugadores que cuenten con mayor masa crítica y acceso a tecnología avanzada. Si pretendemos seguir siendo competitivos en el medio plazo, va a ser necesaria una mucho mayor y mejor coordinación entre los actores del eje europeo, tanto en la creación de un contexto competitivo en igualdad de condiciones como en la generación de ecosistemas comunes e independientes en ámbitos de procesamiento masivo (como, por ejemplo, el de pagos retail).

Borja Foncillas es consejero delegado de Afi.