Salud para todos: más que una concesión, un imperativo económico
Enero de 2026Nos enfrentamos a una falsa disyuntiva en la formulación de políticas económicas: la asunción de que invertir en salud implica sacrificar crecimiento económico. Este pensamiento erróneo contribuyó a agravar el impacto de la pandemia de COVID-19; y continúa frenando aún hoy los avances. Cuando acepté el Premio Emilio Ontiveros el pasado mes de junio, subrayé la importancia de que nuestras democracias han de demostrar que la acción colectiva para atajar nuestros mayores desafíos no sigue siendo sólo posible, sino esencial.
El Consejo de la Organización Mundial de la Salud (OMS) sobre la Economía de la Salud para Todos, el cual presidí, comenzó su trabajo en el punto álgido de la pandemia. Nos planteamos una pregunta radicalmente diferente: ¿qué pasaría si, en vez de estar la salud al servicio de la economía, la economía estuviese al servicio de la salud? Nuestro informe final, publicado en mayo de 2023, replanteó esta relación en torno a cuatro pilares interrelacionados: valor, financiación, innovación y capacidad. En la Asamblea Mundial de la Salud del 2024, los Estados Miembros adoptaron una resolución basada en este trabajo, encomendando a la OMS y a los gobiernos implementar nuestras recomendaciones.
El nuevo marco desafía el planteamiento convencional de varias formas. En primer lugar, debemos reimaginar como valoramos la salud. En vez de maximizar el PIB sin considerar las consecuencias, necesitamos métricas que midan lo que importa a la sociedad. En segundo lugar, el enfoque en gasto sanitario debe entenderse como una inversión a largo plazo en apoyo al crecimiento y no como un gasto cortoplacista. En tercer lugar, lograr la salud para todos requiere un enfoque transversal de parte de los gobiernos, con especial atención por parte de los ministerios de hacienda y economía, y no solo de los departamentos de salud pública.
La innovación debe gobernarse en favor del bien común. La innovación en salud se beneficia enormemente de la inversión pública. Por ejemplo, las vacunas ARNm contra la COVID-19 se consiguieron en gran parte gracias a los 32.000 millones de dólares recibidos de fondos públicos americanos. Sin embargo, sin condiciones más exigentes, los productos resultantes pueden no estar suficientemente disponibles o no ser asequibles. Es esencial desarrollar las capacidades gubernamentales dinámicas necesarias para diseñar y adaptar políticas enfocadas en resultados.
España figura entre los primeros países en involucrarse seriamente con estas ideas. La traducción del Informe final del Consejo de la OMS fue presentada en Madrid el 24 de junio de 2024, en un acto que contó con la presencia de Mónica García, ministra de Sanidad de España. España está desplegando 163.000 millones de euros en fondos bajo el Mecanismo de Recuperación y Resiliencia y desarrollando su propia Estrategia España Nación Emprendedora. Los planes de invertir 10.400 millones de euros en su industria de defensa también crean oportunidades para el desarrollo económico, demostrando como la estrategia industrial puede apoyarse en una narrativa de seguridad económica más amplia que incluya la seguridad sanitaria y nacional.
La implementación será la prueba de fuego. Poner los principios de salud para todos en práctica requiere una serie de condiciones para asegurar que la inversión pública genere valor social, coordinación administrativa transversal, rompiendo silos ministeriales, y capacidades dinámicas que permitan a los gobiernos aprender y adaptarse.
Una estrategia industrial orientada por misiones proporciona el vehículo para la transformación. Las misiones sociales audaces, como lograr la salud para todos, tienen la capacidad de acelerar la inversión e innovación a nivel nacional. Esto reconoce que la innovación surge de la inteligencia colectiva y no de empresas individuales. Desde hace décadas hemos aceptado una visión limitada del papel del gobierno como mero corrector de fallos de mercado. Pero los mercados se crean, se les da forma y se les orienta. El estado ha de ser un agente activo en la configuración del mercado y no un árbitro pasivo.
Esto requiere colaboraciones sinergéticas y no parasitarias. Cuando las inversiones públicas están vinculadas a condiciones claras sobre accesibilidad, asequibilidad y generación de valor compartido, aseguramos que el apoyo público genere beneficio público. El "cómo" cuenta tanto como el "qué". Los países que abrazan estos principios no solo mejorarán sus logros sanitarios, también demostrarán que la economía no tiene por qué ser una ciencia sombría de concesiones, sino una práctica optimista de posibilidades centrada en el propósito por encima de los beneficios.