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Más compromiso y menos condescendencia

Junio de 2022

Las tasas de crecimiento de la población continúan disminuyendo en todas las regiones del mundo. La tasa media de fecundidad global se ha reducido a la mitad desde 1960, pasando de una media de 5 hijos por mujer a 2,4 hijos por mujer en 2020. A esto se suma que la esperanza de vida ha pasado de 53 años en 1960 a 73 años en 2020 y se estima que llegue a 77 años en 2050.

Un 56% de la población vive en zonas urbanas y la estimación es que para 2050 dos tercios de la población mundial viva en ciudades. Guste o no, la urbanización es un importante impulsor del crecimiento económico y del desarrollo humano.

Avanzamos a un mundo de ciudades envejecidas. La previsión es que a mediados de siglo haya dos personas mayores de 65 años por un niño menor de 5 años. Con un 80% residiendo en países cuyas infraestructuras y sistemas de protección son más débiles.

El envejecimiento es un fenómeno predecible. Planificar actuaciones es posible.

Silver Hues. Building age-ready cities, un informe publicado en abril de este año por el Banco Mundial[1], hace reflexiones interesantes a este respecto prestando atención a la planificación urbana a raíz de los cambios demográficos. Planteando aspectos como la digitalización, la accesibilidad y la convivencia entre generaciones.

Uno de los aspectos relevantes es su apuesta por tratar a los mayores como creadores de soluciones y no como meros receptores, involucrándolos en el desarrollo de las soluciones, comprometiéndoles y tratándolos como el colectivo heterogéneo que son.

Aprovechando esa participación activa para saber cómo les gustaría interactuar y qué servicios recibir, pero también para comprometerles en acciones, como por ejemplo aportación de datos que contribuyan a ofrecerles un servicio adecuado.

Comprendiendo las características socioeconómicas de las personas evaluando su capacidad para pagar por algunos de los servicios. Abandonando la idea generalizada de los adultos mayores como un sujeto económico pasivo y carga social.

Muchas acciones y diseños para personas mayores tienen beneficios universales. Rampas, aceras más amplias, accesos a servicios digitales utilizando la voz, reconocimiento biométrico y un largo etcétera de aspectos facilitan la inclusión de muy diversos colectivos.

Se trata de dar, recibir y alcanzar un compromiso como sociedad fomentando la inclusión y convivencia generacional en sentido amplio.

Para países con poblaciones actualmente jóvenes, con recursos limitados, y temas acuciantes como salud, empleo y mejora de las infraestructuras incorporar el envejecimiento como parte de la agenda de las ciudades supone un reto. El apoyo por parte de las instituciones globales es clave.

Para países como España, con los Baby Boomers entrando en el colectivo de mayores a toda velocidad, no cabe más que pisar el acelerador.


[1]Silver Hues: Building Age-Ready Cities.


Adriana Scozzafava es directora general de Fundación Afi.