Uso de cookies

Este sitio web solo utiliza cookies técnicas propias obligatoras con la finalidad de hacer que su navegación sea segura.
Asimismo, utiliza cookies de terceros opcionales para hacer análisis estadístico de las visitas a la web y conocer su usabilidad.
Si desea más información o cambiar la configuración de su navegador, puede visitar nuestra Política de Cookies.
Pulse el botón "Rechazar cookies opcionales" o "Aceptar todas las cookies" para confirmar que ha leído y aceptado la información aquí presentada.

2002 - 2022

Mayo de 2022

El recordatorio del 20º aniversario de Empresa Global y el del compromiso correspondiente con la entrega del artículo de mayo coincidió con la segunda vuelta de las elecciones presidenciales francesas. A medida que trascurría el domingo 24 de abril, las notas que tenía previsto destacar en la columna tenían mayores dificultades para distanciarse de la mera posibilidad de que en Francia accediera a la presidencia de la república una opción política decididamente partidaria del distanciamiento de las instituciones europeas. Desde luego de la moneda única. Aun cuando las probabilidades de victoria de la Sra. Le Pen fueran reducidas, como los resultados definitivos confirmaron, el hecho de que esa opción antieuropea hubiera registrado un ascenso tan destacado alteraba mi idea previa de celebración del 20º aniversario de la revista. Porque más que echar las campanas al vuelo, tenemos razones para estar preocupados acerca de los apoyos que tiene el fortalecimiento de la dinámica de integración regional, en mi opinión condición necesaria para el bienestar de los europeos, pero también para la estabilidad global del escenario resultante tras estas dos últimas convulsiones, las derivadas de la pandemia y de la invasión de Ucrania por Rusia.

Esto me preocupa mucho más que poner en común la satisfacción por estos veinte años en los que ha sobrevivido nuestra revista. Y el primer foco de preocupación está localizado precisamente en el sistema político francés, en la fragmentación de su electorado. Más de la mitad de los ciudadanos franceses apoyaron en la primera vuelta de las presidenciales a organizaciones políticas distanciadas, en el mejor de los casos, de la Unión Europea (UE). La propia Marine Le Pen, el exponente más expresivo, pero no el único, del antieuropeísmo francés, ha seguido mejorando sus resultados. Que ello tenga lugar precisamente en Francia no es una cuestión menor, dado el peso que ese país tiene en la propia arquitectura comunitaria y, en todo caso, el predicamento que ejerce Le Pen en otros países con fuerzas políticas euroescépticas. Tampoco podemos pasar por alto la cercanía a los planteamientos de Putin, o la propia manifestación de Le Pen de reconstruir una nueva alianza con Rusia, cuando concluya la guerra en Ucrania. Y, en todo caso, marcando distancias militares con Alemania, y reduciéndolas con Reino Unido.

Un panorama, el evitado con la victoria de Macron, que no invita precisamente a la complacencia. La próxima prueba serán las elecciones legislativas francesas de junio, pero también otras convocatorias en otros estados miembros de la UE que nos darán cuenta del respaldo ciudadano a la integración.

En el mundo que ya está emergiendo, probablemente tan polarizado como el que dominó la anterior guerra fría, la autoridad geopolítica de la UE sería más necesaria que nunca, compensando esa tensión hegemónica que ejercerán Estados Unidos y China. Macron dispone ahora de un fresco respaldo y es sin duda el dirigente político que tiene más clara la coincidencia de intereses nacionales y regionales. También en España deberíamos convenir en que buena parte de las posibilidades de asentamiento del bienestar en nuestra economía depende de que la UE no dé marcha atrás en sus propósitos integradores. Valga este recordatorio para felicitar a quienes han trabajado estos 20 años por mantener el pabellón de Empresa Global visible y defensora de más Europa. Gracias, desde luego, a los lectores.

Emilio Ontiveros es presidente de Afi y catedrático emérito de la UAM