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Mitos y falacias IV: desde el 1 de julio trabajamos para el Estado

Mayo de 2022

Las versiones más refinadas de esta falacia reemplazan "Estado" por "este gobierno" o, simplemente, "Sánchez". Es como la campaña de la renta, pero al revés.

Por lo general, estos mensajes proceden de gentes libertarias que aman la libertad individual... lo mismo que los demás. Pero que, a diferencia de los demás, creen de verdad que trabajan todo ese tiempo hasta el 31 de diciembre para el Estado. Día y noche, laborables y festivos, vacaciones incluidas. Todo el tiempo, de verdad, y que se lo quitan de la boca a sus familias.

La base de esta popular falacia, que suele venir rebozada de cierta inquina, es que los tipos marginales de la escala del IRPF son muy elevados, incluso superiores al 50%, ya puestos. Y, claro, si el Estado se nos lleva la mitad de nuestra renta es como si a partir del 1 de julio ya solo trabajásemos para él.

Lo que los inocentes amigos de esta falacia tan hermosa no parecen considerar es que el Estado trabaja para ellos y para sus familias desde el 1 de enero a las 0:00 horas hasta las 24:00 horas del 31 de diciembre de cada año, laborables y festivos. Y, además, este mismo día, les da la hora.

Nuestros impuestos, avergüenza tener que recordarlo, financian los servicios públicos que permiten el cuidado de la salud de toda nuestra familia, la educación de nuestros hijos, el apoyo a quienes no han tenido tanta suerte en la vida como los que podemos pagarlos, el mantenimiento de las infraestructuras vitales para la vida social, el orden público, etc.

Nuestros impuestos y cotizaciones sociales devuelven a las personas que ya no pueden trabajar por razones de discapacidad, edad o desempleo, el esfuerzo que ellos hicieron en su día para que otros tuviesen el mismo apoyo que ellas reciben, merecidamente, ahora. Y lo hacen porque buena parte de las prestaciones que se pagan (pensiones y prestaciones por desempleo) son la contrapartida (fuertemente subvencionada, es verdad) de las cotizaciones previamente abonadas a los seguros sociales correspondientes.

Nuestros impuestos y cotizaciones financian la solidaridad que, en ausencia del Estado, quedaría desprovista de recursos. Trabajamos para nuestros conciudadanos menos favorecidos, que ni siquiera pudieron pagar la prima del seguro social que les protege.

Siendo legítima la aspiración de muchos a un Estado mesurado, mínimo si se quiere, no lo es la exageración interesada de que trabajamos para aquel la mitad del año. Si lo que se quiere dar a entender es que nuestros impuestos solo sirven para pagar caprichos o nutrir la bomba de la corrupción, algo que es verdad en una pequeña parte del gasto público, pretender o dar a entender que tales abusos son tan descomunales como para requerir la mitad de la renta nacional es una burda manipulación malintencionada. Una falacia.

José Antonio Herce es socio de LoRIS