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Laponia XIX: lo rural es la vanguardia

Diciembre de 2020 Hay la sensación de un «éxodo urbano» del que ya se habla en todos los mentideros de la repoblación.

Los miembros del club (informal) de la repoblación nos hemos quedado este año sin la celebración habitual de la feria PRESURA, en su IV edición ya, y en la que miles de personas venían encontrando la mayor concentración de agentes, proyectos e iniciativas repobladoras de todo tipo que se viene produciendo en España en los últimos años gracias a El Hueco y toda su amplia comunidad. El lema previsto para la IV edición es «Lo Rural es la Vanguardia». Y, sí, lo rural ha estado este año a la vanguardia.

Pero esta es la última tribuna de la serie que se ha prolongado durante los dos últimos años y hay otros temas que también reclaman mi atención para el próximo año. Dejaremos a un lado, por ahora, en Empresa Global, el análisis del fascinante proceso de repoblación que se está abriendo ante nuestros ojos en los últimos meses. En las diecinueve tribunas que hemos publicado en 2019/2020, incluyendo esta, se han analizado con desenfado algunos de los más importantes retos e iniciativas que se presentan en este frente de progreso social. Y, oh sorpresa, hemos asistido a la inusitada emergencia de lo rural con manifestaciones nuevas y oportunidades renovadas en lo más duro de la pandemia.

El mundo rural es ahora la vanguardia. La vanguardia del imaginario colectivo, que ha percibido dimensiones nuevas y deseables en la vida rural. La vanguardia de la experimentación de nuevos modelos relacionales, residenciales, de movilidad y funcionales que los agentes establecidos y recién llegados emprenden. Y la vanguardia institucional pues todas las instancias de representación política se disputan ahora la iniciativa, al menos en el plano de las buenas intenciones y las declaraciones.

Donde hace tan solo un año había escepticismo general sobre, o reacción lisa y llana en contra de la repoblación, ahora se admite la oportunidad. Donde antes la mirada oficial sobrevolaba lo local, ahora se enfoca en ello y pugna por alinear la dimensión rural bajo el maná de las ayudas europeas para la reconstrucción. Ya veremos, pero pinta bien.

Donde antes la soberbia urbana exhibía obscenamente su poder de atracción y su capacidad para aglomerar efectos juzgando al ámbito rural como el agujero negro de la eficiencia, la eficacia y la madre de todos los despilfarros, ahora el rural es el «gran atractor» de los que quieren esponjar sus vidas laborales, el hacinamiento social de las calles y locales urbanos. La anti-aglomeración y sus des-ventajas. Ya veremos.

Si lo rural es la vanguardia hoy es porque pasiva o activamente los habitantes del medio han cumplido su compromiso de permanencia en el territorio, a pesar de sí mismos, muchas veces, como la única y resignada opción otras tantas y, más de lo que se ha podido percibir en los grandes titulares mediáticos, como lucha activa contra la despoblación.

Casi de repente, hemos descubierto que las multinacionales extranjeras envían a sus células estratégicas a tele trabajar en bellos rincones aislados de la geografía española. Que muchas familias se sienten más seguras en una casa rural que en su piso de la capital. Que la inversión de impacto en el ámbito rural es rentable. Que la tecnología se adapta a las mil maravillas a la topografía funcional del territorio despoblado. Hasta nos hemos tomado en serio eso de «más vale banda ancha que vía estrecha (la del AVE, por cierto)».

También nos hemos dado cuenta de lo necios que hemos sido descuidando el despliegue de la banda ancha (hoy casi una commodity) y otras redes de recursos y servicios al territorio rural. La COVID-19 puede ser una causa puntual de todo esto y muchos pensarán que este posicionamiento del rural en la vanguardia puede ser efímero, pero ha logrado anticipar estrategias que debíamos haber adoptado mucho antes, en cualquier caso.

Haríamos mal en pensar que todo va a ser como antes una vez pasada la pandemia. No tanto porque, a la mejor, las pandemias se instalan entre nosotros, sino porque, como decía, buena parte de lo que estamos viéndonos obligados a hacer ahora a causa de aquella es lo que deberíamos haber hecho hace tiempo para instalarnos mejor en la modernidad del S. XXI. Y lo rural forma parte de esa modernidad. Por eso, lo rural es la vanguardia.

Gracias por la amable acogida de mi particular visión de Laponia en esta serie de tribunas que ahora finalizo. Ahí queda, nos seguiremos viendo.

José Antonio Herce es socio de LoRIS