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Estrategia global

La administración Biden y los mercados

Si los demócratas no llegan a controlar la cámara alta, es muy probable que la reforma impositiva de Trump siga en pie, pero también conviene no subestimar la capacidad y experiencia negociadora de Biden, tras varias décadas en el Senado y ocho años en la Casa Blanca.

Mauro F. Guillén
Diciembre de 2020

Escribo esta columna a finales de noviembre. Las primeras señales emitidas por el presidente electo Joseph Biden sobre la composición de su gabinete han sido muy bien recibidas tanto por el mundo empresarial como por los mercados financieros. La selección de Janet Yellen como Secretaria del Tesoro es quizás la más importante, dada su experiencia en la Reserva Federal y en el Consejo de Asesores Económicos. Se trata de una persona que entiende la necesidad de administrar un estímulo fiscal continuado para que la economía salga de la crisis, tal y como apuntó su sucesor en la Fed, Jerome Powell. Estas son muy buenas noticias no solamente para la economía norteamericana sino también para la economía global en su conjunto.

También hay que celebrar la vuelta a la profesionalidad y a la experiencia en el Departamento de Estado de la mano de Tony Blinken, bien conocido en el entorno diplomático. Cabe esperar un giro de 180 grados hacia una política exterior de alianzas y de contrapesos que logre canalizar la relación bilateral con China de una manera fructífera para el mundo. Aparte de Blinken, la selección de Jake Sullivan como Consejero de Seguridad Nacional y de Linda Thomas-Greenfield como embajadora ante Naciones Unidas permiten ser optimistas sobre la vuelta a un talante negociador y conciliador. A ello hay que sumar el importantísimo nombramiento de John Kerry como embajador especial para el cambio climático.

El mundo empresarial espera que Biden preste atención a varios aspectos de la situación económica. En primer lugar, que las políticas monetaria y fiscal estén coordinadas y que sean efectivas a la hora de relanzar la economía. En segundo lugar, que no se produzcan cambios bruscos en el entorno regulatorio, si bien nadie debería extrañarse de que la nueva administración emplee la vía del decreto ejecutivo para deshacer los cambios en política regulatoria medioambiental realizados por la administración Trump. En tercer lugar, un esfuerzo bipartidista para lanzar un plan de infraestructuras, en el cual podrían incluirse inversiones e incentivos referentes al cambio climático. Y, en cuarto lugar, evitar una subida del impuesto de sociedades, si bien creo que podría resultar aceptable una mayor vigilancia de las maniobras de algunas grandes empresas para evitar pagar impuestos.

Ahora bien, gran parte de la agenda de Biden depende de qué partido controle el Senado, aspecto que solamente se resolverá a principios de enero en la segunda vuelta de las elecciones de los dos escaños del estado de Georgia. Resulta del todo posible que su línea dialogante, consensuada y exquisitamente profesional pueda convencer a un par de senadores republicanos para que apoyen sus iniciativas más importantes. Esa es precisamente la razón por la que el votante centrista abandonó a Trump y se decantó por Biden hace unas semanas.

Mauro F. Guillén es catedrático de Dirección Internacional de la Empresa en la Wharton School, así como miembro del Consejo Académico de Afi Escuela de Finanzas