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Evaluar los resultados de las políticas para mejorarlas

Septiembre de 2020
La evaluación de políticas consiste en identificar metas y resultados, construir sistemas de información y elegir técnicas de análisis capaces de determinar, basándose en la evidencia, si las medidas implementadas han sido eficaces.

La pandemia que padecemos ha puesto de manifiesto la necesidad de que los gobiernos asuman importantes responsabilidades para combatir sus consecuencias sanitarias, econ√≥micas y sociales, y evitar males mayores en el terreno de la salud, las actividades productivas y la equidad. La larga lista de objetivos y actuaciones en los que el sector p√ļblico se ha comprometido pone de relieve que los mercados no son garantes de la equidad. Pero, a la vez, se hace m√°s relevante conocer cu√°les son los resultados que se esperan de la intervenci√≥n p√ļblica. Por esa raz√≥n, preguntas acerca de la eficacia y la eficiencia de las actuaciones que siempre han sido pertinentes cobran en estos momentos todav√≠a mayor importancia.

Ser√≠a muy frustrante que los enormes esfuerzos financieros que nos proponemos realizar, en un contexto de recursos escasos y abundantes retos, provocaran un endeudamiento considerable pero no sirvieran para alcanzar las metas perseguidas. Estas son, a corto plazo, recuperar la actividad y el empleo perdido o suspendido y, a medio plazo, estimular un crecimiento m√°s sostenible ambientalmente que aproveche los avances tecnol√≥gicos. Adem√°s, debemos dotarnos de un sistema productivo y unos servicios p√ļblicos m√°s resilientes ante diferentes tipos de crisis. Para conseguir estas metas las pol√≠ticas deben ser no solo bienintencionadas sobre el papel, sino eficaces. Y para ello es necesario definir muy bien las necesidades y los objetivos, identificando los resultados esperados y los indicadores adecuados para evaluar lo conseguido. Esto requiere dotarse de sistemas de informaci√≥n que permitan hacer seguimiento de las pol√≠ticas implementadas y, a la luz de los resultados, fortalecerlas si se muestran eficaces y modificarlas en caso contrario.

Es un instrumento de sentido com√ļn pero, desgraciadamente, escasamente utilizado. Sin embargo, posee un gran potencial para mejorar la gesti√≥n p√ļblica pues permite conocer qu√© dise√Īo de las actuaciones resulta √ļtil para solucionar problemas que preocupan. A veces, sobre el papel una intervenci√≥n puede tener mucho potencial, pero su dise√Īo o puesta en pr√°ctica no permiten solucionar los problemas. El conocimiento de qu√© actuaciones son eficaces permite saber qu√© pol√≠ticas merecen permanecer y ser imitadas. Y la identificaci√≥n de las actuaciones fallidas, que consumen recursos pero no resuelven los problemas, permite revisarlas o abandonarlas.

Con frecuencia, las √ļnicas respuestas a la pregunta de cu√°l es el resultado de una pol√≠tica son dos: si se han cumplido o no las normas en la ejecuci√≥n de las medidas y cu√°nto se ha gastado. Pero cumplir las normas es perfectamente compatible con no obtener resultados. Y gastar los recursos no garantiza que los inputs utilizados se conviertan en outputs, ni permite valorar si esa conversi√≥n se realiza de manera eficiente. Para juzgar el √©xito de las pol√≠ticas es imprescindible saber qu√© se persigue y, por extra√Īo que parezca, muchas veces los objetivos ni est√°n claramente identificados ni se pueden medir con precisi√≥n, de modo que no se sabe si los medios utilizados nos acercan a los fines perseguidos.

Pongamos un ejemplo: al valorar las políticas educativas las criticas se concentran con frecuencia en que no se gasta suficiente en educación, o en las ratios alumno-profesor. Pero ambos indicadores pertenecen a los inputs y para evaluar la eficacia de las actuaciones es preciso conocer los resultados en los fines perseguidos. Si éstos consisten en mejorar las competencias, sería necesario disponer de indicadores de conocimientos y habilidades. Si el objetivo es la igualdad de oportunidades, necesitamos indicadores de equidad, tanto en ausencia de dichas políticas como tras su implementación.

Cuando la falta o inadecuaci√≥n de los sistemas de informaci√≥n impide evaluar resultados se mira demasiado a cu√°nto gastamos y demasiado poco a lo que esperamos de las actuaciones p√ļblicas. Pero la imprecisi√≥n sobre los resultados debilita la confianza en la efectividad de numerosas pol√≠ticas, ya sea en el √°mbito educativo, de fomento del empleo, de lucha contra la pobreza, de apoyo a las Pymes, de fomento de la digitalizaci√≥n o de la I+D, etc. Esa falta de conocimiento dificulta la identificaci√≥n de buenas pr√°cticas y su imitaci√≥n, y tambi√©n el abandono de pr√°cticas ineficaces, un despilfarro en un mundo de recursos escasos y necesidades crecientes en el que no deber√≠a haber lugar para la inercia cuando √©sta implica ineficiencia.

Los sistemas de información adecuados para evaluar las políticas permiten conocer la magnitud de los cambios logrados tras su puesta en práctica. Los bancos de datos para la evaluación deben ser construidos para este fin, recogiendo información detallada de las unidades gestoras y de los destinatarios de las políticas, ya sean individuos, centros educativos o sanitarios, empresas, regiones, etc. De momento gran parte de la información se recoge actualmente solo para la gestión y es necesario captarla también para el seguimiento y la evaluación de las intervenciones. Es un objetivo más exigente, pero crucial para contemplar la trazabilidad de las situaciones de los destinatarios de las políticas, y poder valorar los cambios conseguidos.

En suma, para valorar si las estrategias p√ļblicas tienen √©xito o fracasan debemos saber cu√°les son sus metas y cu√°nto nos acercamos a ellas. En el √°mbito privado existen instrumentos precisos para medir los resultados que interesan -basados en criterios de mercado y sistemas contables muy desarrollados-, pero en el p√ļblico no sucede siempre as√≠. Cuando los objetivos a conseguir son gen√©ricos, complejos y difusos se dificulta la tarea de medir en que grado se consiguen. El riesgo de que las pol√≠ticas no sean evaluables es no poder distinguir el √©xito del fracaso y que las expectativas sobre lo que cabe esperar de las actuaciones p√ļblicas sean bajas. Pero, como ha puesto de relieve la pandemia, existen problemas cuya soluci√≥n el mercado no contempla, o no es capaz de resolver. Por eso deber√≠amos mejorar los instrumentos con los que las pol√≠ticas p√ļblicas trabajan, haci√©ndolas evaluables.

Sara de la Rica
Sara de la Rica es directora de la Fundacion Iseak y catedrática de Economía de la UPV/EHU.
Francisco Pérez
Francisco Pérez es director de investigación de Ivie y catedrático de la Universitat de València.