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Paseo global

El d铆a despu茅s: lo p煤blico

La crisis de la COVID-19 y la Gran Recesi贸n han demostrado que la capacidad de autocorrecci贸n del sistema econ贸mico es limitada; que para evitar males peores es necesaria la acci贸n de las instituciones p煤blicas

Emilio Ontiveros
Julio de 2020

Seguimos con la saga anticipatoria de lo que puede ser el paisaje despu茅s de la batalla. Intentamos anticipar, como suger铆 en el primer art铆culo de la serie, c贸mo puede ser el mundo, el sistema econ贸mico, cuando llegue la normalidad, si es que llega alg煤n d铆a. Hablamos en la entrega 煤ltima que todos estar铆amos mucho m谩s endeudados. Hoy, trato de conjeturar que el papel de las instituciones p煤blicas ser谩 algo mayor que antes de la pandemia.

Las crisis nos remiten en muchos casos a cuestiones b谩sicas. En las d茅cadas previas al desencadenamiento de la crisis en 2008, durante esa larga etapa de gran complacencia denominada 芦la gran moderaci贸n禄, muchos macroeconomistas cre铆an a pie juntillas que hab铆amos controlado las discontinuidades c铆clicas. Las depresiones eran cosa del pasado, sentenci贸 el profesor de la Universidad de Chicago Robert Lucas en 2003 con ocasi贸n de su alocuci贸n presidencial en la American Economic Association: el problema central de la prevenci贸n de las depresiones ha sido resuelto a todos los efectos pr谩cticos, afirm贸. Se consideraba que una de las consecuencias de ese perfectamente lubricado comportamiento del sistema tendr铆a que ser la definitiva marginaci贸n del Estado, de las instituciones p煤blicas, de la actividad econ贸mica.

En estas est谩bamos cuando lleg贸 la Gran Recesi贸n consecuente con la crisis del 2008 y ahora 茅sta en la que estamos instalados, derivada de la Gran Reclusi贸n, todav铆a sin una caracterizaci贸n definitiva m谩s all谩 de su origen pand茅mico, pero no menos severa que aquella. Ambas han demostrado que la capacidad de autocorrecci贸n del sistema econ贸mico es limitada; que para evitar males peores es necesaria la acci贸n de las instituciones p煤blicas, ya sean los bancos centrales o directamente los gobiernos. Tanto para coordinar acciones como para comprometer recursos p煤blicos en apoyo de la actividad econ贸mica o de las propias empresas.

Pero m谩s all谩 de esa acci贸n compensadora, estrictamente keynesiana, de los vaivenes en la actividad econ贸mica, la acci贸n de las instituciones p煤blicas, de sus presupuestos, nos ha demostrado que vuelven a ser necesarias para sacar las casta帽as del fuego en 谩mbitos tan delicados como la gesti贸n sanitaria o el restablecimiento del tr谩fico a茅reo y el salvamento de las correspondientes aerol铆neas. A estas alturas de la crisis, muy lejos del definitivo asentamiento de la recuperaci贸n, el gasto p煤blico en las econom铆as avanzadas habr谩 alcanzado una importancia sobre el tama帽o del PIB sin precedentes en 茅pocas de paz.

La vulnerabilidad que ha revelado la pandemia ha reducido las dudas que podr铆an existir acerca de la necesidad de esa participaci贸n de las instituciones p煤blicas en la disposici贸n de esas redes de seguridad, incluso en el aumento de la capacidad de anticipaci贸n. En las econom铆as del centro y especialmente del norte de Europa se acercan a esa cuesti贸n desde un enfoque menos mediatizado ideol贸gicamente, mucho m谩s racionalmente: la cooperaci贸n aportar谩 en determinadas circunstancias mejores resultados que la acci贸n individual. Lo que viene a continuaci贸n son las 谩reas en las que las instituciones p煤blicas han revelado su utilidad y razonable es suponer la continuidad de sus funciones.

Sanidad. Mejor asumir la necesidad de la comunidad de vecinos para resolver problemas comunes que no renegar de ella antes de empe帽arse en mejorar su eficiente funcionamiento. Esto es lo importante. Es dif铆cil cuestionar la necesidad de la gesti贸n sanitaria por los gobiernos en momentos excepcionales como el vivido. Incluso, al menos desde mi punto de vista, es dif铆cil cuestionar la necesidad de fortalecer econ贸micamente los sistemas p煤blicos de salud para reducir el alcance de pandemias como la sufrida y sus costes humanos y econ贸micos. Nadie en Europa est谩 cuestionando la necesidad de fortalecer la inversi贸n en esos destinos. Tampoco en Espa帽a se pone en duda la conveniencia de aumentar las dotaciones de capital f铆sico, humano y tecnol贸gico del sistema sanitario. Los aplausos a los profesionales del sector son m谩s consecuentes si van acompa帽ados de instrumentos y dotaciones.

Est铆mulos a la actividad econ贸mica. A diferencia de lo ocurrido en la anterior crisis, en 茅sta ning煤n gobierno, ni mucho menos las instituciones europeas, han dudado de la necesidad de utilizar el presupuesto para tratar de neutralizar las peores consecuencias de la recesi贸n que se ven铆a encima. Desde medidas tendentes a facilitar liquidez a las empresas, a las directamente dirigidas a mantener el empleo con dinero p煤blico, han absorbido cantidades sin precedentes de recursos de los contribuyentes. Los d茅ficits y la deuda p煤blica han crecido de forma significativa. Los presupuestos que se atienden con gran celo y austeridad en los gobiernos m谩s ortodoxos, han desplegado inyecciones de recursos p煤blicos en cuant铆as sin precedentes y han pasado por alto apoyos directos a las empresas, en todos los sectores. Es el caso de Alemania, sin ir m谩s lejos. Junto a algunos de los gobiernos de las principales econom铆as de la Uni贸n Europea han definido programas de apoyo a empresas en sectores como las aerol铆neas, o el autom贸vil, pasando por alto las reglas de la ayuda de estado.

Bancos centrales. Las otras instituciones que han fortalecido su legitimaci贸n han sido los bancos centrales. Han capitalizado la experiencia deducida de la anterior crisis y han tomado buena nota de las amenazas singulares que esta crisis tra铆a consigo. En algunos casos, han dejado al margen las apariencias, como ha hecho el Banco de Inglaterra pasando a comprar bonos emitidos por el tesoro brit谩nico directamente en el mercado primario. Tambi茅n la Reserva Federal, el Banco de Jap贸n o el Banco Central Europeo han desplegado todas las posibilidades disponibles para evitar endurecimientos en las condiciones de financiaci贸n de los gobiernos, o riesgos de fragmentaci贸n financiera. El resultado ha sido esa ampliaci贸n de los balances de esas instituciones con bonos no solo p煤blicos, sino tambi茅n de empresas privadas, y no siempre con las mejores calificaciones crediticias. Esas actuaciones son un exponente m谩s de la excepcional gravedad de la situaci贸n. De la correcta asunci贸n por parte de los bancos centrales de que, a grandes males, grandes remedios. Como no pod铆a ser de otra forma.

Agencias multilaterales. El protagonismo de las instituciones p煤blicas tambi茅n se ha extendido a las organizaciones multilaterales. Desde luego la Organizaci贸n Mundial de la Salud (OMS), cuyo papel ha sido esencial y seguir谩 si茅ndolo, a pesar de las cr铆ticas de alg煤n gobierno. Pero tambi茅n el Banco Mundial o el Fondo Monetario Internacional han acentuado sus actuaciones de cooperaci贸n, de apoyos a pa铆ses con m谩s dificultades. Si no queremos renunciar a las ventajas del comercio internacional, de la movilidad de las personas, de los capitales o de los datos, deber铆amos fortalecer la gobernaci贸n de la globalizaci贸n, el predicamento del multilateralismo.

Dentro de este 谩mbito debemos valorar el papel de las instituciones europeas, en marcado contraste con su participaci贸n en la gesti贸n de la crisis de 2008. Adem谩s del adecuado comportamiento del BCE antes comentado, el Eurogrupo, el Parlamento y la propia Comisi贸n han dado muestras de una inequ铆voca voluntad de contribuir a reducir las amenazas que siguen pesando sobre el bienestar de los ciudadanos.

Organizaci贸n del Estado. Como consecuencia de esa necesidad de mayor protagonismo gubernamental, en algunos pa铆ses se han suscitado como objeto de discusi贸n la organizaci贸n de los Estados, como es la conveniencia para la gesti贸n de crisis como la suscitada por la pandemia, de modelos m谩s o menos centralizados, m谩s o menos federales. En ocasiones se han criticado las tentaciones autocr谩ticas, de centralizaci贸n del poder. Pero tambi茅n han sido objeto de desconfianza la incapacidad para disponer de un sistema de gesti贸n central, capaz de canalizar y asignar recursos con un criterio unificado.

Son asuntos todos ellos que vuelven a situarnos ante cuestiones b谩sicas, algunas de ellas aparentemente superadas, pero que nos remiten a la propia naturaleza del sistema econ贸mico. Al mayor grado de 芦domesticaci贸n禄 del capitalismo, como han se帽alado algunos analistas. Ya hab铆amos tenido se帽ales el pasado verano, tras la declaraci贸n, entre otras, de la Business Roundtable estadounidense, de que la sensibilidad sobre los propios objetivos de las empresas podr铆a ser algo m谩s que una operaci贸n de marketing. Ahora esta pandemia y la fragilidad que ha puesto de manifiesto, aconseja pensar m谩s detenidamente en la cooperaci贸n, en la puesta en com煤n de esfuerzos, en la coordinaci贸n por instituciones comunes, p煤blicas.

Los gobiernos est谩n obligados a responder a esas mayores exigencias y expectativas que los ciudadanos reclaman, incluida una mayor protecci贸n. Que lejos de reducir de forma indiscriminada sus tama帽os, asuman algunas que hasta ahora quedaban fuera, como es precisamente la capacidad de anticipaci贸n, de prevenci贸n de situaciones como la sufrida. Eso significa pensar m谩s en el futuro, trascender los ciclos electorales asumiendo acuerdos entre distintos partidos pol铆ticos que garanticen esas nuevas prioridades. Y, en todo caso, una mayor eficacia y capacidad de coordinaci贸n entre los distintos niveles de las administraciones p煤blicas.

Emilio Ontiveros es presidente de Afi y catedr谩tico em茅rito de la UAM