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Estrategia global

El «Green Deal» como metáfora

El Green Deal Europeo es técnicamente posible, en lo que se refiere a llegar a una economía energéticamente sostenible para el año 2050. ¿Pero es factible en un continente divido políticamente y supeditado a la peor crisis económica en varias generaciones?

Mauro F. Guillén
Julio de 2020

El 25 de mayo de 1961 el Presidente John F. Kennedy pronunció un discurso sobre la exploración del espacio en el que fijó el objetivo de llevar un hombre a la Luna y devolverle sano y salvo a la Tierra antes de que la década concluyera. El posible alunizaje humano se convirtió instantáneamente en una metáfora de lo que Estados Unidos podía conseguir si movilizaba sus inmensos recursos económicos y tecnológicos. Evidentemente, parte de la motivación provenía de la dinámica de la Guerra Fría, un conflicto global y globalizante en el que la carrera espacial jugaba un papel de primer orden desde el lanzamiento del Sputnik en 1957.

La pregunta que me planteo es si la idea de un «Green Deal» puede convertirse en una metáfora tan poderosa, convincente e ilusionante como la que condujo a Estados Unidos a emplearse a fondo para conseguir el primer paseo humano en el Mar de la Tranquilidad. ¿Qué aspectos del Green Deal deberíamos ensalzar para que la población y los líderes políticos de todo el mundo se sumaran al empeño?

Indudablemente, las políticas y los acuerdos de transición energética no contienen un objetivo tan vistoso y concreto como el del Proyecto Apolo. No se trata de una meta que resuene la imaginación de la gente. Además, la sustitución de unas fuentes energéticas por otras implica simultáneamente destruir viejas maneras de hacer y crear otras nuevas. Se trata, por tanto, de una aspiración que puede no ser universal en su aceptación por parte de la población o de los distintos países en el concierto global.

El Green Deal Europeo es técnicamente posible, en lo que se refiere a llegar a una economía energéticamente sostenible para el año 2050. ¿Pero es factible en un continente divido políticamente y supeditado a la peor crisis económica en varias generaciones? La presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen, ha presentado el Green Deal Europeo como una estrategia de crecimiento económico en la que Europa se convierta en la región mundial más competitiva e innovadora. No le falta razón, pues el legado más duradero del Proyecto Apolo fueron los avances que facilitó en varias ramas de la ciencia y de la tecnología, desde la electrónica y los nuevos materiales hasta la medicina y las energías alternativas. De hecho, gracias al programa espacial se mejoró considerablemente el diseño de los paneles solares.

Y hay un último aspecto que contribuye al éxito de las metáforas. Solamente triunfan aquéllas que connotan un significando concreto y carente de ambigüedad. Quizás sea este el mayor óbice para que la sociedad se movilice decisivamente en favor del cambio de modelo energético. Hay demasiadas propuestas, demasiadas alternativas y demasiadas posibilidades encima de la mesa. Hoy es la crisis económica la que descarrila el cambio energético y mañana puede ser otra prioridad. Insistamos por tanto en las consecuencias de no actuar frontalmente sobre el problema y con urgencia. La alternativa es, como decía Rachel Carson, una «primavera silenciosa.»

Mauro F. Guillén es catedrático de Dirección Internacional de la Empresa en la Wharton School, así como miembro del Consejo Académico de Afi Escuela de Finanzas