Uso de cookies

Este sitio web utiliza cookies propias obligatoras y de terceros opcionales con la finalidad de hacer que su navegación sea segura, hacer análisis estadístico de las visitas a la web y conocer su usabilidad.
Si desea más información o cambiar la configuración de su navegador, puede visitar nuestra Política de Cookies.
Pulse el botón "Rechazar cookies" o "Aceptar cookies" para confirmar que ha leído y aceptado la información aquí presentada.

Paseo global

Revisionismo capitalista

Desde las mismas entrañas del sistema económico se han cuestionado aspectos esenciales del sistema capitalista, y lo han hecho instituciones muchas de ellas nacidas dentro del sistema y destinadas fundamentalmente a su defensa

Emilio Ontiveros
Febrero de 2020

Durante los años de vida de esta revista el sistema económico ha generado bienestar en algunos países, pero excesos y disfunciones en muchos otros. La convergencia de algunos de ellos en la crisis de 2008 constituye el momento en el que la desconfianza y la desafección se agudizan. A partir de entonces se inicia una suerte de revisionismo de algunos de los pilares del propio sistema y quienes lo llevan a cabo no son única ni fundamentalmente los tradicionales grupos alternativos, sino instituciones muchas de ellas pertenecientes al propio sistema. De estos aspectos me ocupé en un libro [1] que ha visto la luz hace un par de meses, confieso que con cierta cautela a la hora de reseñar con suficientes evidencias las afirmaciones que llevaba a cabo. La realidad me ha sorprendido, en especial en los últimos meses. Desde las mismas entrañas del sistema económico se han cuestionado aspectos esenciales del sistema capitalista, y lo han hecho instituciones muchas de ellas nacidas dentro del sistema y destinadas fundamentalmente a su defensa.

El primer conjunto de sorpresas vino de la mano de la acumulación de evidencias de las flaquezas o disfunciones del sistema. La función objetivo de las grandes empresas ha sido sometida a revisión ya no por académicos más o menos radicales, sino por instituciones como la «Business Roundtable», que agrupa a los máximos directivos de las 191 grandes empresas estadounidenses, que emplean a mas de 15 millones de personas.

También han sido puestas en cuestión algunas de las propiedades o atributos que le asignábamos a los mercados. Su eficiencia, desde luego, pero la propia libre competencia erosionada por esa concentración y aumento del poder de mercado cada vez más explícitos.

Un tercer ámbito en el que el sistema tampoco sale bien parado es el propio funcionamiento interno de las grandes empresas, en especial las cotizadas, objeto de críticas relevantes por grupos de accionistas acerca de la transparencia y rendición de cuentas.

Más allá de esos aspectos esenciales en la conformación de las economías basadas en el mercado, los excesos se han manifestado en esa creciente «financiarización» de las economías, generadora de un dominio del cortoplacismo en la gestión, en el aumento de la desigualdad en la distribución de la renta y de la riqueza, o en el deterioro de la calidad medioambiental, por citar algunos de ellos.

Hasta aquí pocas sorpresas. Lo llamativo es observar como en los últimos meses de 2019 y la entrada en este año han sido instituciones muy tradicionales las que han defendido la necesidad de «resetear» el sistema, como lo hiciera el diario económico por excelencia, el Financial Times. La ultima ha sido el World Economic Forum, que en su encuentro en Davos ha proclamado el «capitalismo de los stakeholders» frente al «capitalismo de los shareholders». Al mismo tiempo hemos comprobado como inversores adicionales a la mayor gestora del mundo, BlackRock, han asumido esos imperativos de discriminación favorable a los destinos inversores que respeten las exigencias de sostenibilidad de Naciones Unidas, comprensivas de los Acuerdos de París.

Ojalá que Empresa Global en sus próximos 100 números no deje escapar ese necesario reforzamiento del sistema económico, en la dirección de garantizar la igualdad de oportunidades entre personas y entre empresas, pero también, cuidando de la propia salud del planeta. Es posible, porque como están demostrando no pocas empresas, lo es la compatibilización entre esos 17 objetivos de desarrollo sostenible que promulgó la ONU y la obtención de beneficios y posibilidades de crecimiento a largo plazo de las empresas que son bien y responsablemente dirigidas.


[1] «Excesos, Amenazas a la prosperidad global», Editorial Planeta.

Emilio Ontiveros es presidente de Afi y catedrático emérito de la UAM