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Estrategia global

Excesos globales

Las empresas españolas y sus representantes institucionales tendrán que apoyar con firmeza los principios del libre comercio y de la seguridad de las inversiones en los Foros internacionales y apoyar al Gobierno y a la UE para atenuar los efectos negativos de esta nueva ola proteccionista y populista.

Mauro F. Guillén
Febrero de 2020

La economía global está sometida a una serie de presiones extraordinarias: guerras comerciales, riesgos geopolíticos, cambio tecnológico y desigualdades socioeconómicas. La incertidumbre se ha adueñado de la situación, y la empresa no tiene más remedio que adaptarse. Emilio Ontiveros, catedrático y fundador de Afi, ofrece un profundo análisis en su libro, Excesos: Amenazas a la Prosperidad Global. Los años clave son dos: 2008 y 2016. En la primera se produjo la implosión de Lehman Brothers, el punto crítico de la crisis financiera global. En el segundo se celebraron el referéndum sobre Brexit y la elección presidencial en EE.UU. que llevó a Donald Trump a la Casa Blanca. Los dos países que sentaron las bases del orden económico-financiero tras la Segunda Guerra Mundial votaban mayoritariamente en contra del liberalismo económico.

La empresa se ve afectada de numerosas maneras. El creciente proteccionismo comercial, las tensiones monetarias y los obstáculos a las migraciones crean un entorno complicado para las empresas más internacionalizadas, sobre todo las de gran envergadura, al mismo tiempo que dificultan la internacionalización de las de menor tamaño. Las presiones sobre los bloques comerciales, al mismo tiempo que se agudiza la desintegración de los mecanismos multilaterales, crean nuevas amenazas.

Desde la transición a la democracia, organismos representativos de las distintas empresas españolas tales como las cámaras de comercio, la CEOE y la COPYME y el Instituto de la Empresa Familiar se han pronunciado a favor del liberalismo económico, financiero y comercial. Esta orientación se vio reforzada y ampliada con el ingreso en las instituciones europeas en 1986. Desde entonces los gobiernos, incluso de distinto signo, han impulsado políticas de apertura económica al exterior. A raíz de la crisis, la propensión exportadora e inversora hacia el exterior ha crecido notablemente, llegando hasta el punto de producir, por primera vez en décadas, un saldo positivo en la balanza por cuenta corriente.

Desgraciadamente, todos estos logros corren ahora un serio peligro. El mercado del Reino Unido y los EE.UU. constituyen el quinto y sexto destino más importante de las exportaciones españolas. No cabe duda de que las políticas comerciales de EE.UU., en la forma de guerras tarifarias, introducen un factor de riesgo en el desarrollo exterior de la empresa española a lo largo y ancho del mundo.

Las empresas españolas y sus representantes institucionales no tienen más remedio que apoyar con firmeza los principios del libre comercio y de la seguridad de las inversiones en los foros internacionales y darle apoyo tanto al Gobierno como a la Unión Europea en toda iniciativa que pongan en marcha para atenuar los efectos negativos de esta nueva ola proteccionista y populista. En concreto, urge que trabajen con el área económica del nuevo gobierno para recuperar el un orden económico y comercial mundial lo más liberal posible.

Mauro F. Guillén es catedrático de Dirección Internacional de la Empresa en la Wharton School, así como miembro del Consejo Académico de Afi Escuela de Finanzas