#Mujeres que transforman

La «Madame» de las ciencias

Consiguió formarse asistiendo a una universidad clandestina, ya que, en aquella época, las mujeres no podían estudiar en la formación reglada.

Mónica Guardado

Si hay un nombre que a todos nos viene a la mente cuando hablamos de las mujeres más influyentes de la historia, ese sin duda es el de Marie Curie.

Su personaje siempre ha estado unido a las investigaciones en el campo de la ciencia, en Física y Química, materias en las que ha conseguido el Premio Nobel. Porque, efectivamente, esta «gran mujer» fue la primera persona en conseguir dos veces el Premio Nobel, aparte de numerosos reconocimientos adicionales.

Pero su historia, más allá de sus logros, es lo que merece la pena destacar. Desde muy jovencita tuvo claro que quería dedicarse a estudiar y, a pesar de criarse en una Polonia ocupada por los rusos, consiguió formarse asistiendo a una universidad «flotante» clandestina en Varsovia, que admitía mujeres y que tenía que cambiar de sede para poder impartir su formación, ya que, en aquella época, las mujeres no podían estudiar en la formación reglada.

En plena Guerra Mundial se fue a Paris, donde para subsistir y poder estudiar llegó a un acuerdo con su hermana para que, mientras una estudiara, la otra trabajara, y viceversa. Así, después de trabajar varios años de institutriz para sobrevivir en París y pagar los estudios de su hermana, logró estudiar y matricularse en la Universidad de la Sorbona.

Tras sus estudios consiguió ser la primera mujer en ocupar un puesto de profesora en la Universidad de París.

Durante la Primera Guerra Mundial, ante la imposibilidad de ayudar a su país, apoyó al ejército francés convirtiéndose en la directora del Servicio de Radiología de la Cruz Roja francesa. Diseñó unidades móviles de radiografía para apoyar a los cirujanos en el campo de batalla, a las que llamó «ambulancias radiológicas» pero que llegarían a conocerse con el nombre de «petit Curie».

Su vida ha estado ligada siempre a la investigación, pasión que compartió con su marido y su hija mayor Irene, que recibiría también el Premio Nobel de Química en 1935, un año después de fallecer su madre. Marie Curie finalmente murió a los 66 años de edad a causa de su contacto con las radiaciones, a las que siempre estuvo expuesta en sus numerosas investigaciones.

A Madame Curie, como muchos la conocen, hay que agradecerle además de todos sus logros científicos, que haya sido fuente de inspiración y ejemplo para muchas mujeres científicas. Y que su personaje, hoy en día, sirva para que las niñas vean natural que una mujer se dedique a la ciencia. Y si no, hagan la prueba y pregunten a las niñas de 10 años si conocen a Marie Curie.

Mónica Guardado es Directora General de Afi Escuela de Finanzas