Homo oeconomicus

Robots X: un robot en el armario

La gama de alternativas que la inteligencia artificial va a poner al alcance de la sociedad va a ser inmensa y lo veremos muy pronto.

José Antonio Herce San Miguel

¡Oh, cielos! ¡Un robot en el armario! Exclamó Nino cuando vio las puertas de aquel abrirse de golpe y desfilar ante sus ojos a los vestidos y zapatos de su dueña como si tuvieran vida propia. Nino es el gato de la casa, aclaremos.

Acto seguido, la cama, deshecha y amontonada su ropa, quedó instantáneamente aireada y enfundada con tal grado de ajuste que una moneda arrojada sobre ella (que apareció volando de repente) pudo rebotar sobre su superficie impecablemente. No había transcurrido ni un minuto cuando toda la ropa y complementos que la dueña de Nino iba a llevar esa mañana, seleccionados como si ella misma los hubiera elegido a conciencia la noche antes, estaban en perfecto estado de revista para cuando esta saliera del baño. Por fin, conjuntada como no lo hubiera hecho mejor ni el más sensible asesor personal de imagen, la dueña de Nino pudo salir de su casa camino de la dura jornada profesional y social que le esperaba aquel día.

No estoy intentando escribir un relato corto, tranquilos, solo dramatizo (y perdón por la pretensión) una estampa cotidiana que ya está ocurriendo.

Ya hay «armarios» dispensadores de medicamentos en las trastiendas de las farmacias que ahorran mucho tiempo y llevan un control exacto de la rotación de los stocks en dichos establecimientos, en los que el software que incorporan cursa, además, las órdenes a los proveedores y determinan toda la logística correspondiente. Esta misma lógica, propia de la pequeña y la gran logística de almacenaje y gestión de stocks, es la que se está trasladando al hogar en oleadas para hacer las tareas domésticas, y hasta las más personales, mucho más fáciles.

Desde 2015 existen robots que cogen la ropa de una cesta (en la que el usuario la deposita según la va usando), la seleccionan, la lavan, la secan, la planchan y la colocan doblada en las estanterías que corresponda del armario («googlead» Laundroid). Es decir, robots que entran en el armario. Pero, ¿existen robots que salgan de tu armario, en el sentido literal que se comentaba antes?

Hay robots que te hacen la cama. Y no me refiero a esa especie de autómatas sin imaginación que te encuentras en el trabajo a veces empeñados en fastidiarte. Mejor dicho, hay camas robóticas y una de ellas la fabricó y puso en el mercado una compañía española nada menos que en 2012 (googlead Ohea).

Hay robots que te visten. En el amplio sentido de la expresión. Para empezar, los algoritmos desarrollados desde 2015 por el Instituto de Robótica e Informática Industrial (IRII) del CSIC y la Universidad de Toronto, te van a decir qué ropa ponerte en cada momento en función del tiempo, los eventos de tu agenda, tu ropero, tu edad, género (va de soi, pero también unisex o alter-sex, si lo deseas) o cualquier otra circunstancia que desees incorporar a tu estilo en un día u ocasión cualquiera. Además, el IRII está desarrollando verdaderos robots que asisten a personas con discapacidad y especial sensibilidad a la ropa para que puedan vestirse sin ayuda de terceros de la manera más adaptada a su condición física (googlead IRII y buscad el proyecto i-dress).

Hay robots que te ayudan cuando necesitas cuidados permanentes, o ni siquiera puedes salir de tu habitación. Desde trasladarte de la cama a un sillón o permitirte estar conectado y recibiendo visitas virtuales o leyendo, hasta poner a tu alcance alimentos y medicinas o mantenerte en forma física (googlead Bristol Robotics Laboratory y buscad assited living).

Es obvio que muchas personas seguirán aferradas a su propio instinto o discernimiento para tareas tan elementales como decidir qué ropa ponerse, y además, ponérsela ellas mismas. Como también lo es que, en mayor o menor grado, muchas otras personas desearan explorar estas nuevas posibilidades. Entre lo accesorio y lo esencial, la gama de alternativas que la inteligencia artificial y la robótica van a poner al alcance de los individuos en los menesteres domésticos más variados va a ser inmensa. Lo veremos además muy pronto.

José Antonio Herce es director asociado de Afi