Estrategia global

Uber versus Airbnb

Tanto Uber como Airbnb persiguen movilizar estos activos infrautilizados a lo largo y ancho del mundo.

Mauro F. Guillén

Uber y Airbnb son las puntas de lanza de la economía compartida. Se trata de empresas de reciente creación, que cuentan con bases de clientes millonarias y están valoradas en decenas de miles de millones de dólares. La economía compartida tiene por finalidad eliminar las ineficiencias y las rigideces de oferta en dos sectores clave, el transporte de pasajeros en medios urbanos y la hospitalidad. Ninguno de los dos ha sido objeto de grandes cambios en las últimas décadas. En los dos se vienen produciendo grandes controversias, tensiones, e incluso conflictos debido a la irrupción de estas y otras empresas tecnológicas.

Se calcula que solamente empleamos el automóvil un 8 por ciento del tiempo. Mucha gente -especialmente los mayores de 60 años- cuentan con espacio en su hogar que no emplean a diario. Tango Uber como Airbnb persiguen movilizar estos activos infrautilizados a lo largo y ancho del mundo, y operan en docenas de países. Han conseguido atraer cifras millonarias de capital riesgo.

Pero he aquí la principal diferencia entre las dos: mientas que Airbnb ha conseguido establecer una relación fructífera con los entes reguladores en la mayoría de los países y ciudades en los que opera, Uber ha seguido una estrategia de confrontación que le ha obligado a poner final a su presencia en muchas ciudades. El secreto de Airbnb consiste en colaborar con las autoridades y recaudar los impuestos requeridos. La empresa identifica a personas del gobierno que son favorables a la innovación tecnológica y trabaja con ellos para lograr llegar a acuerdos.

Evidentemente, Uber y Airbnb se enfrentan a dos situaciones diferentes. Mientras que la competencia de Airbnb son las cadenas hoteleras, la de Uber son los propietarios de licencias de taxi, que ven su inversión peligrar. Con la salida de su fundador y principal ejecutivo, se espera que Uber cambie su actitud y busque llegar a acuerdos con los entes reguladores tanto a nivel local como nacional.

No cabe duda de que la nueva economía creará muchos puestos de trabajo y también destruirá otros tantos. El problema consiste en que las personas que pierden su empleo no lo recuperan en idénticas condiciones en otra parte de la economía. Uber además amenaza la inversión de trabajadores autónomos. No cabe duda de que la estructura cuasi-gremial del sector no es la mejor para ofrecer un servicio de calidad. Pero como en todo caso de cambio tecnológico, es mucho más conveniente encontrar fórmulas de acuerdo que irrumpir por la fuerza.

Al fin y al cabo, la oleada de innovación tecnológica que se avecina traerá grandes avances, y también permitirá reducir costes y añadir valor al cliente. Políticamente, habrá grupos de interés que se vean perjudicados y otros que se beneficiarán. En cualquier caso, el sector del transporte en vehículos de turismo va a transformarse con la generalización del coche eléctrico y de la conducción automatizada. La economía compartida solamente añadirá otra vertiente más a esa nueva trayectoria.

Mauro F. Guillén es director del Lauder Institute y catedrático de Dirección Internacional de la Empresa en la Wharton School, así como miembro del Consejo Académico de Afi Escuela de Finanzas